“Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lucas 23:43)

“El Evangelio es totalmente realista. Comienza con nosotros exactamente dónde estamos: en el fondo de un abismo de corrupción” (Martyn Lloyd-Jones)

La segunda expresión de Jesucristo en el Calvario está dirigida a un hombre agonizante que sufría esa condena por haber sido ladrón… “Llevaban también con él a otros dos, que eran malhechores, para ser muertos. Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda” (Lucas 23:32-33)

Este hombre en su agonía reconocía su culpa y merecida condenación ya que el mismo dijo: “Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos…” (Lucas 23:41)

En ese estado de conmoción y dolor tuvo lucidez espiritual para clamar al Señor: “Acuérdate de mi cuando vengas en tu reino” (Lucas 23:42)

Acerca de este momento Charles Spurgeon dijo lo siguiente: “Si un Salvador agonizante salvó al ladrón, mi argumento es que Él puede hacer aún más ahora que vive y reina. Todo poder en el cielo y en la tierra le es dado; ¿Puede algo en el momento presente sobrepasar al poder de su gracia? No es sólo la debilidad de nuestro Salvador la que hace memorable la salvación del ladrón penitente; es el hecho que el malhechor moribundo lo vio ante sus propios ojos. ¿Te puedes poner en su lugar, e imaginar a alguien que cuelga en agonía de una cruz? ¿Podrías fácilmente creerle que era el Señor de la gloria, y que pronto vendría a su reino?”

La respuesta del Señor fue un bálsamo de esperanza y paz para aquella pobre y miserable alma sedienta que estaba sufriendo justamente la retribución por sus culpas y pecados.

1. Sus Palabras expresaban Certeza: Él Señor le respondió “De cierto”, porque lo que estaba por decir parecería muy difícil de creer. Un judío colgado de una cruz era considerado alguien maldito y por lo tanto irredimible, por ello que recibiera la Promesa de entrada al Reino de Dios sonaría inconcebible para cualquiera que lo escuchara.

2. Sus Palabras expresaban Consuelo: Al decirle “hoy estarás conmigo en el Paraíso” estaba asegurándole a este hombre una total reconciliación con Dios. No iba a ver a Jesús de lejos, sino que estaría a su lado en el mismo Cielo, lo que implicaba una restauración absoluta. Según 2 Corintios 12:2-4 el Apóstol Pablo fue llevado al “Tercer Cielo”, lugar que también llama “Paraíso”. En Apocalipsis 2:7; 22:2, 14 también encontramos esa relación, por lo tanto, no hay dudas acerca de que el Señor le prometió una entrada asegurada al Cielo Eterno donde está “nuestra ciudadanía” y “de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Filipenses 3:20).

3. Sus Palabras expresaban Calma: Para un alma atormentada no hay nada más reconfortante que escuchar palabras llenas de esperanza que traen paz donde humanamente solo hay dolor y angustia. Como dice el escritor de Hebreos necesitamos “asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma y que penetra hasta dentro del velo…” (Hebreos 6:17-20)

El Apóstol Pablo enseña que la Paz se obtiene por la fe, tiene su base en la justificación y sobrepasa a todo entendimiento (Romanos 5:1, 10; Filipenses 4:7)

“Tenerlo todo sin tener a Cristo es tener una existencia miserable aquí y ahora, y una pérdida total cuando traspases la línea que separa el tiempo de la eternidad; tener a Cristo es tenerlo todo, aunque no tengas nada más.” (Sugel Michelen)

Recordemos: “Saber que Dios lo sabe todo acerca de mí y todavía me ama es, en verdad, mi mayor consuelo” (R.C. Sproul).

Abrir chat